Carlos A. Evedan
Aroma a humedad y bugambilias
Gabriel regresa al barrio que le vio crecer tras su divorcio, buscando consuelo entre las memorias de una juventud que pensaba había dejado atrás. Pero la casa que lo recibe no es la misma que recordaba. Las calles deterioradas, la iglesia que yacía hundida entre escombros.
Durante las madrugadas el vecindario se inunda de aullidos que parecen alertar sobre algo que no puede ver. Descubre señales de que algo era como debería; algo entre la humedad, el polvo y las paredes podridas. Algo que sabe su nombre.
Hay ocasiones en que lo más aterrador no es aquello que nos persigue y amenaza con devorarnos; es aquello que conoce nuestras heridas y con voz dulce nos tienta a volver.