Ángeles de carne
Eran demasiado hermosos para parecer peligrosos. Demasiado amables para levantar sospechas. Demasiado generosos para ser olvidados. Los los llamé ángeles antes de descubrir lo que escondían detrás de sus rostros. Ahora, sin salida de este lugar donde la vida humana parece tener menos valor que un espectáculo, comprendo que algunos monstruos no necesitan parecer monstruos para serlo.